Historias de sesiones de fotos durante viajes y de por qué mi cámara siempre termina encontrando una pareja.
Cada vez que viajo llevo mi cámara conmigo y, casi sin buscarlo, termino haciendo sesiones de fotos de pareja espontáneas. Algunas nacen de encuentros casuales; otras, de personas que descubren que justo estoy de vacaciones en el mismo lugar que ellas.
Hay fotógrafos que necesitan apagar la cámara para descansar. A mí me pasa exactamente lo contrario: viajar me enciende la mirada. Empiezo a ver luces nuevas, paisajes imponentes y detalles escondidos. Y, casi sin darme cuenta, mi cabeza empieza a componer escenas. Siempre aparece el mismo pensamiento: “Qué increíble quedaría una pareja acá.”
Eso me pasó exactamente cuando estaba de viaje en Jujuy, caminando con una amiga por un monte. Andábamos medio perdidas cuando encontramos un claro entre los árboles. Tomé mi cámara y le dije a mi amiga: qué linda luz que hay acá, me falta la pareja. Empecé a fotografiar el lugar como quien intenta guardar un recuerdo antes de que desaparezca.
Historias que te encuentran en el camino.
Justo en ese momento se nos acerca una pareja a caballo. Me ven con la cámara, me dicen que seguramente les iba a poder hacer una linda foto y me alcanzan su teléfono. No sabían con quién se habían cruzado.



Terminamos improvisando una mini sesión hermosa. Ellos venían viajando desde España 🇪🇸 y Alemania 🇩🇪 y andaban de viaje por Sudamérica. Tengo un imán para los viajeros. Me encanta! Porque mis fotos terminan viajando con ellos.
Al final yo me di el gusto de que aparezca una pareja en el lugar y momento indicados y ellos se llevaron su sesión de fotos y una anécdota para contar a sus amigos.

No te quedes con las ganas, quedate con el recuerdo.
Por si no se nota, amo viajar. Este año quise conocer Búzios y me enamoré de sus pequeñas playas, de su atmósfera, de su luz.
Estaba, nuevamente, con una amiga y mi cámara fotografiando uno de los atardeceres más lindos que he visto. Miro al costado y veo una pareja abrazada, disfrutando el momento. Se miraban, miraban el atardecer, se notaba que estaban en un momento único. Un momento que merecía quedar guardado.

No dudé y les saqué algunas fotos de lejos. Porque creo que no hay nada más lindo que las fotos que ni te diste cuenta que te estaban tomando. Después me acerqué, les pedí permiso y les dije que se las iba a regalar. Me dijeron que sí y siguieron en la suya. Casi como si no les hubiera hablado. Ni una pose, ni una dirección, nada. Ellos estaban viviendo su momento. Me encantó. Así que esta vez, con autorización, me acerqué y les saqué unas más.



Cuando me dijeron que venían de Chile entendí por qué estaban tan tranquilos en el agua. Solo ellos tienen ese superpoder para disfrutar el mar a esa temperatura. El atardecer era hermoso, pero el agua estaba helada. Me contaron que era el último día de su primer viaje juntos. Que nos hubiéramos cruzado justo ese día y que pudieran llevarse esas fotos les pareció un regalo inreíble.
Ahí entendí, una vez más, que la fotografía tiene esa capacidad de conectar personas que hace cinco minutos eran completas desconocidas Me encanta cómo la fotografía nos conecta. Hay encuentros que duran apenas unos minutos, pero terminan convirtiéndose en un recuerdo para toda la vida.

El paisaje como escenario
Cada rincón del mundo tiene su propia identidad visual. No es lo mismo la calidez de los colores del norte argentino o la frescura de una playa, a la inmensidad del sur —como en esta mini sesión de fotos en Bariloche

Este fue otro encuentro casual Ellos me escribieron porque vieron que también estaba paseando por Bariloche y me invitaron a hacer treking.. Obvio que llevé mi cámara. Yo los conocía porque fui la fotógrafa de su casamiento. De hecho, una de las fotos de su boda ganó un premio nacional , y tiempo después otra imagen de ellos —esta vez como invitados al casamiento de unos amigos— también obtuvo una distinción internacional de Inspiration Photographers.
Cuando viajo, no busco la típica foto de postal turística donde la pareja queda en segundo plano. Busco que el lugar potencie lo que a ellos les pasa.
Hace poco vi una foto que me hicieron trabajando en una boda en Cafayate. Estoy en una montaña, con mi canon y el teleobjetivo buscando el encuadre. Lo primero que pensé fue que esa imagen podría haber sido de mis vacaciones en Bariloche. Cambió la montaña y la situación. Mi manera de mirar, no.
Creo que lo más lindo de mi trabajo es dejarle a alguien un recuerdo que quizás todavía no sabe cuánto va a valorar. A veces pasa el día de su casamiento. Otras, en un martes cualquiera de unas vacaciones. Un día que parecía uno más… hasta que una foto le recordó que no lo era.