Esta destination wedding en la estancia La Mimosa de Buenos Aires tuvo todos los ingredientes que me gustan en una boda.
Varios países, muchos idiomas, culturas diferentes y tradiciones nuevas (al menos para mí) reunidas en uno de los escenarios más lindos de Argentina: el campo.
El amor, love, láska y kærlighed
Michala, la novia, es eslovaca. Conoció a Tomás, un argentino, y se enamoraron. Juntos construyeron su vida en Dinamarca, sumando otro país a esta historia.
Sus invitados llegaron desde Francia, Bélgica, Polonia y muchos otros rincones del mundo. A mí me encantan los idiomas: hablo inglés, italiano, algo de francés y, por supuesto, español. Incluso he fotografiado bodas en ruso y tuve que aprender algunas palabras para comunicarme mejor.
Pero esta boda me superó en poliglotismo. Para mis oídos fue una maravilla.
Como verán, esta boda incluyó varias tradiciones, pero estuvo lejos de ser tradicional. Michala y Tomás mezclaron sus culturas, sus historias y sus formas de entender el mundo para crear una celebración que realmente los representara y que todos sus invitados pudieran disfrutar.
Tradiciones que quiero volver a vivir
“Vale todo menos pegarle al novio en la cara”.
¿Me creen si les digo que esa era una de las reglas de una tradición eslovaca?
Las costumbres de Eslovaquia se mezclaron con la energía argentina y dieron como resultado una de las bodas más divertidas que tuve la suerte de fotografiar. Algunas de las imágenes de ese día incluso fueron reconocidas por Inspiration Photographers.
Tradición 1: romper un plato
Los novios deben barrer juntos todos los pedacitos.
Objetivo de los invitados: hacer que la tarea sea prácticamente imposible.
Confieso que yo también pateé algún fragmento un poco más lejos. Por el bien del ritual, obviamente.
Esta tradición simboliza el trabajo en equipo y la importancia de ayudarse mutuamente para superar los momentos difíciles.
Tradición 2: proteger a la novia
La novia baila mientras los invitados forman un círculo a su alrededor.
Objetivo de los invitados: impedir que el novio llegue hasta ella.
Y ahí es donde entra la frase del principio.
Entre risas, empujones y mucha complicidad, la pista de baile se convirtió en un verdadero espectáculo.
Eslovaquia + Argentina = pura diversión.
Una boda a la distancia
Me encantó la preparación de Michala.
Había amigas, música, tragos y ganas de disfrutar el momento. Desde el principio supe que iba a ser una boda especial.
Cada una hacía lo suyo: una preparaba tragos, otras charlaban, otras se peinaban. Lo único que no hicimos fue posar.
La idea siempre fue respetar el enfoque documental: contar lo que realmente estaba sucediendo, sin intervenir ni dirigir los momentos.
Suelo recomendar que los preparativos se hagan cerca del lugar de la ceremonia. Pero la Estancia La Mimosa, en Exaltación de la Cruz, está bastante alejada y en la zona no había un lugar que funcionara bien para alojar a la novia junto a todas sus amigas.
Michala me contó que compartir esas horas previas con ellas era muy importante. Habían viajado desde distintos países para acompañarla y quería vivir ese tiempo juntas.
Y tenía todo el sentido del mundo.
Así que adaptamos la planificación, sumamos tiempo extra al cronograma y logramos que todo fluyera sin estrés.
Cada boda es diferente. Y muchas veces, más importante que seguir una recomendación general es encontrar una solución que respete lo que realmente importa para cada pareja.
Sin palabras
Ya les hablé de los países, los idiomas y las tradiciones.
Y hubo algo que terminó de conquistarme en esta boda.
Durante sus votos, Tomás dijo:
“Cuando la veo sonreír, desaparecen todos mis problemas.”
Y ahí yo me quedé sin palabras.



